Cuando se acaba el…¿Amor?

Cuando una relación de 6 años se termina

Hace exactamente un año, en el día de mi cumpleaños, decidí dar por terminada una relación tóxica que me acompañó durante seis años de mi vida. Una decisión que había postergado por largos meses y que me costó muchísimo esfuerzo tomar. El detonante fue justamente un viaje soñado que se supone iba a servir para celebrar esta fecha tan especial. Y quiero resaltar aquí el “se supone”, ya que al final de la aventura, terminé por confirmar la pesadilla que estaba viviendo y de la que necesitaba escapar.

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Tomar la decisión de cortar lazos con tu pareja de forma definitiva el mismo día de tu cumpleaños suena como una receta para el desastre, y efectivamente lo fue. Mi cumpleaños pasó sin pena ni gloria. Ni mi familia, ni amigos supieron al momento la noticia, y yo sentía como lentamente ingresaba a los 26 años más solo que nunca.

De pronto dejaba a la cómplice que trabajaba 24/7 para comentar nuestras vivencias, a la compañera compatible en todas esas actividades que planificábamos al detalle y a la pareja con la que podía tener sexo con relativa periodicidad. Dejar de lado esa aparente comodidad parecía como dar un salto repentino a un abismo. Bueno al menos eso es lo que creía yo ese día.

Terminar una relación de seis años es horrible, y no necesito entrar en más detalles. De hecho mi propósito al escribir este artículo no es contarles lo que pasó antes de terminar mi relación amorosa, sino lo que pasó después y cómo el peor año de mi vida, se convirtió sorpresivamente en el mejor.

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Tu vida apestará, pero esta bien

Tuviste una relación por seis años, y te acostumbraste a estar acompañado por esa persona especial durante muchos días de tu vida. De pronto, todo se termina. Levantarte cada día es un dolor. De pronto, sientes como si tu vida fuera la única que se detuvo entre todas las de tu alrededor. Te das cuenta que te alejaste de tus amigos hace mucho tiempo. Algunos se te acercan, pero sigues tan necio con tus ideas que crees que nadie te llegará a comprender.

Tu vida apestará por unos días o semanas, y está bien. El mundo no se acaba ahí y si quieres estar triste por un tiempo estas en tu derecho. Vive tu etapa de duelo, llora, reniega y cuando estés listo, recoge esas piezas resquebrajadas que ves a tus pies y empieza la larga tarea de reconstruirte. ¿Quién eres realmente hoy? ¿Hacia dónde vas? ¿El camino que tenías planificado para tu vida los últimos seis años era realmente tuyo o el de alguien más?

Estas preguntas inundaron mi cabeza los días siguientes al quiebre y si bien no tenía respuestas concretas en ese momento, al menos mantuve la intención de descubrirlas. Resiste: tu también podrás encontrarlas.

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Atrévete a crear tu propio camino

Estas solter@ otra vez. Algunos amigos te hablarán de las ventajas de estar solo, de las aventuras en las que se metieron en dicha etapa, de la facilidad para agarrar o tener sexo con una persona ebria en una disco y de lo feos / obesos que se ven sus ex en sus stories de Instagram. Otras personas en cambio te dirán que es mejor dedicarte a explorar otras actividades fuera del trabajo y los estudios, que retomes el contacto con aquellos amigos que dejaste de ver y que ocupes tu mente en todas aquellas cosas en los que no esté presente el recuerdo de tu ex.

Todas son opiniones válidas y la verdad es que no hay receta mágica para superar esta etapa. Pero algo sí es seguro. Actúa según aquellas experiencias y consejos que resuenen contigo. Por ejemplo, en el último año, descubrí que me encanta bailar, me inscribí en clases de hip-hop y en el gimnasio después de mucho tiempo, disfrute del verano en las discotecas del Sur, me emborrache más de lo usual, me volví más sociable, participé y mejoré mis tiempos en carreras 7k y 10k, hice nuevos amigos y tuve algunas citas.

En esta nueva etapa decidí explorar nuevos rumbos, y no me arrepiento de nada pues a pesar de participar de algunas situaciones que me colocaron fuera de mi zona de confort, pude sentirme verdaderamente auténtico en cada uno de estos espacios. No vivas la experiencia de alguien más, atrévete a crear tu propio camino.

Engriéndote a ti mismo

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Dicen que el amor verdadero es aquel que entrega sin esperar recibir. Está claro que después de estar en una relación de seis años, cualquiera podría decir que dio mucho de sí (cariño, tiempo, esfuerzo, etc) a su pareja y esta bien. Pues ahora toca invertir toda esa energía en tí mismo. ¿Por qué? Porque tu lo vales. Porque si tu no lo haces, nadie más lo hará. Porque nadie te conoce mejor que tú mismo. Porque después de todo lo vivido lo mereces.

¿Recuerdas ese viaje que querías hacer hace mucho tiempo, pero que postergaste para coincidir con él o ella? ¿Recuerdas aquel fetiche que te resistías a comprar porque ya estabas pensando en cómo ahorrar para la boda y la vida que ambos se merecían juntos? ¿Recuerdas esa actividad favorita que dejaste de hacer porque querías reservar más tiempo para él o ella? Bueno, no lo pienses más: haz ese viaje (aunque sea solo), compra ese fetiche (aunque sea carísimo), retoma ese hobbie (aunque no estés muy seguro si serás constante), solo haz más cosas para ti.

En mi caso, el resultado de aplicar estas líneas fue algo variado. En este último año, me compré un carro con el que soñaba, viaje solo con mi mochila a dos festivales de música a los cuales siempre quise ir, me compré varios de esos completamente innecesarios (pero increíbles) sets de Lego Star Wars y retomé el hábito de escribir en mi blog de música. Por fin compré y ejecuté aquellas cosas que había dejado de lado por mucho tiempo.

Es cierto: lo material no reemplazará nunca el valor de lo sentimental, pero la verdad es que ayuda mucho. Y si quizás ahora estás pensando que no tienes mucho dinero para darte un gusto, déjame resaltar aquí que lo importante es que además de cosas, te regales más tiempo a tí mismo. Más tiempo para hacer lo que te gusta, para descubrir nuevas pasiones y hacer, como dicen por ahí, lo que se te venga en gana.

Sal ahí afuera, el mundo te espera

Después de seis años de estar con la misma persona, puede parecer que no habrá alguien en el mundo que te haga sentir de la misma manera. En parte es cierto, todos los seres humanos somos tan especiales y únicos, que es difícil replicar con exactitud la experiencia que compartiste por tanto tiempo con él o ella. Además, el hecho de vivir vidas tan finitas en tiempo y limitadas en contacto, convierte estas posibilidades en prácticamente nulas.

Te doy la razón en este último aspecto. Ganaste. Sin embargo, lo que ahora deberías preguntarte terminada tu última relación es: ¿realmente necesito encontrar una persona que me haga sentir lo mismo otra vez? ¿No se supone que terminaste la relación porque aquello  otro no estaba funcionando? ¿Por qué perder la oportunidad de empezar de cero, redescubrirte a ti mismo o a alguien más? ¿Hace falta encontrar a alguien más para ser feliz?

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Sin duda, y como lo comentaba líneas arriba, antes de buscar a alguien más, primero debemos aprender a conocernos y querernos a nosotros mismos. Pero una vez que estés cómodo y te sientas preparado, es posible que aún estés dispuesto a tomar la (arriesgada) decisión de  conocer a alguien más con quien puedas compartir la accidentada ruta de la vida, con sus altos y bajos.

Si es así, ha llegado el momento de salir ahí afuera al mundo y mostrarte. Las mejores cosas de la vida no llegan por casualidad. Bueno, a veces sí cuando te ganas la lotería, pero para la mayoría de mortales,  las mejores cosas solo llegan cuando tomamos aquellas acciones que incrementan nuestras probabilidades de alcanzarlas.

Así es, simple estadística. En el juego de las probabilidades, solo podrás conocer más personas dispuestas a compartir tus intereses y una ruta de vida similar a la tuya cuando te involucras en aquellas actividades y círculos donde estas también están presentes. ¿Crees que siempre te enganchas con los chicos malos de siempre? ¿Sigues esperando que esa chica interesante que conociste el otro día te escriba para salir? Ya no esperes más. Cambia tu círculo de amistades ahora, invitala a salir hoy, y en resumen: toma acciones y date a conocer de forma auténtica en cada espacio que frecuentes. El mundo te espera.

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No pretendo que esta sea la guía definitiva para recuperarte de una ruptura amorosa. Puedo estar seguro que hay experiencias más traumáticas o accidentadas que la que yo experimenté. Creo haber tenido más suerte que la mayoría.

De cualquier manera, espero que este artículo te permita entender que aún cuando una decisión puede parecer un salto repentino al abismo el mismo día que la tomas, es posible darle la vuelta a esta situación con un poco de tu esfuerzo, de la ayuda que puedas buscar y del camino que elijas recorrer. El peor año de tu vida podría ser realmente el mejor, y estar -increíblemente- a la vuelta de la esquina. ¿Te atreves a dar el salto?

Quiero aclarar que yo no soy quien ha escrito este texto, porque nunca he tenido una relación tan larga, pero sí me sentí identificada con todo! Por el momento, el autor prefiere permanecer anónimo…así que cuenta como la primera colaboración para el blog 🙂

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El Miedo

Todo el tiempo desde que creé el blog, he hablado del miedo que sentía de estar enferma. Así que solo imaginen mi cara cuando nuevamente me encontré en el consultorio de un doctor diciéndome que mi peor pesadilla, se había vuelto realidad. Para no darle importancia al tema, súper “valiente” yo…decidí ir sola a la consulta. Estuve tan nerviosa antes de entrar que no comí nada, ni de desayuno ni de almuerzo. Muchas personas se ofrecieron a acompañarme pero como siempre yo sólo hacía bromas evitando el tema. (Lorena siendo Lorena)

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Las bromas se acabaron hace dos semanas, cuando cerré la puerta del consultorio detrás de mí…mientras mis ojos se nublaban, no sé si por el hambre o por lo que acababa de escuchar. Me arrepentí de no tener nadie a quién salir y abrazar en ese momento. Me senté en la sala de espera antes de manejar y pensé en lo desafortunada que me sentía. El la suerte que no tenía, en que pensé que todo se había terminado en el 2016 y ya había pasado una serie de eventos desafortunados que me ayudaron a crecer pero no quería repetir. Tuve miedo.

Me gustaría decir que me paré y me fui a mi casa recuperada y segura de que iba a estar bien, me encantaría no tener que contarles que me arrastré hasta el carro y manejé planeando qué flores quería para mi velorio. Pero yo no puedo mentir en este post.

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La verdad es que fue un día terrible. Llegué a casa y no había nadie, así que me senté en mi cuarto mirando todo lo que me rodeaba. No tenía hambre aunque llevaba el día entero sin comer, pensé en cómo en los últimos tres meses no había comido muchas de mis cosas favoritas para bajar de peso y ahora me importaba 5 rábanos, ni que me fueran a enterrar en bikini. Pedí la comida más grasosa que pueden imaginarse y me serví un litro de helado luego de eso.

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Trataba de asimilar (sin mucho éxito) lo que acababa de pasar, quería sentirme acompañada pero al mismo tiempo me ponía nerviosa ver que me llamaban o escribían preguntando cómo me había ido. Me quedé dormida de tanto llorar, al día siguiente cuando abrí los ojos, María Paz fue lo primero que vi. Llevé a mis sobrinas a casa de mi mejor amiga, quién sabía todo lo que estaba pasando pero como 15 años de amistad no pasan por las puras, no me preguntó ni una sola palabra cuando me vio, se preocupó más por hacerme sentir feliz y tranquila mientras Mica y María Paz jugaban.

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Ese sábado pasó volando, del agotamiento emocional (Creo) me dormí a las 7 pm y desperté el domingo.

Abrí los ojos e inmediatamente pensé que dos días habían sido suficientes para dejar de sentirme mal conmigo misma por lo que estaba pasando. Nadie está seguro de cuántos días de vida le queden pero esos dos para mí, fueron los peor desperdiciados. No me habían dado una sentencia de muerte ni había escuchado palabras que no haya oído antes, nada de lo que no me haya recuperado antes.

Y sentí que de verdad, había mejorado. WTF, Si acabas de decir que te dieron una mala noticia. Puede sonar paradójico porque acabo de decirles que recibí una noticia no muy buena de mi salud física, pero mi salud mental estaba mejor que en el 2016. Porque esta psicóloga con TEPT, hubiera terminado en emergencia por un ataque de pánico, o probablemente en una sala donde puedan hacerme resonancias, rayos X, ecografías y demás para descartar cualquier otro problema. Porque no hubiera podido ir el lunes a trabajar del propio miedo que sentía. Porque la última vez me tomó tres meses recuperarme de la noticia de mi tumor, esta vez me tomó 2 días.

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No quiero decir que las semanas siguientes fueron fáciles, no lo fueron. Pero pude retomar mis actividades pronto, fui a trabajar, pude dormir, comí mucho e incluso hice ejercicio. Por momentos venían pensamientos desagradables a mi cabeza, mis ojos se llenaban de lágrimas o quería correr al centro hospitalario más cercano…pero no lo hice.

Y hoy, casi tres semanas después puedo decirles que sigo teniendo miedo, que siento ansiedad de no saber lo que va a pasarme…pero también me siento feliz de que esta vez no tengan que operarme y solo sean monitoreos cada tres meses, me siento afortunada de que existan todas las personas que me preguntaron cómo me fue ese día, de todas las buenas vibras que recibí. Y aunque mi mente fue a mil por hora y hasta planeé lo que quería que diga mi obituario en el periódico, no estoy internada en un hospital psiquiátrico, sino estoy viviendo un día a la vez.

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Así que esta vez, estoy agradecida y no hay día en el que no sonría, a pesar del miedo.

Amor de verdad.

Nos pasamos la vida entera buscando nuestra “media naranja” como si estuviéramos incompletos. Pero la verdad es que no lo estamos, ni necesitamos que venga otra persona a “hacernos felices”. Hemos visto demasiadas comedias románticas donde con un beso apasionado todo se arregla y los problemas desaparecen REALITY CHECK: Eso no pasa.

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Pero hay algo muchísimo más importante que el amor romántico, y es el amor propio. Ese que sentimos hacia nosotros mismos, que nos hace sonreír cada que nos vemos al espejo (Pantalla negra de la tele, cuando abrimos de casualidad la cámara frontal del celular, etc) . No tenemos por qué seguir el patrón de belleza impuesto por la sociedad para poder sentirnos a gusto con cómo nos vemos. Por ejemplo: Cada vez que pongo fotos del progreso que con mucho esfuerzo he logrado para poder bajar de peso, recibo mensajes diciéndome que “debería quererme como soy”. Y no, no tiene que ver con que sólo me quiero si estoy flaca, tiene que ver con sentirme bien siendo yo.

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Pero más importante que eso, me siento bien siendo yo, por como soy por dentro (No amigos, la balanza no determina mi valor). Porque no hay en el mundo otra persona igual a mi (Ni a ti, ni a nadie). Todos somos únicos y ese es nuestro súper poder. A veces nos olvidamos de nuestras virtudes, la rutina nos hace dejar de disfrutar las pequeñas alegrías que hay en cada día.

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Por eso decidí escribir este post luego de haber estado desaparecida del blog por meses, porque me parece una iniciativa increíble, recordarnos quién es la persona más importante en nuestras vidas: nadie más que nosotros mismos. Lo mejor del reto es que tiene actividades que nos enriquecerán no solo mentalmente, sino también están enfocadas en nuestro espíritu y bienestar físico. Este challenge no fue creado por mi sino por Pía y Camila, les dejo el link aquí.

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Deja de buscar, la única persona que puede hacerte feliz, es la que ves reflejada en el espejo, sonriéndote. No hay nada más importante que el amor propio…porque aunque suene cliché, ¿Cómo podría alguien más querernos si nosotros mismos no nos vemos lo bueno? Pero no lo hagas sólo para que alguien te quiera…hazlo porque la relación más larga y estable que tendrás en tu vida, será contigo mismo…Y créanme, hay más cosas buenas en nosotros, de las que nos damos crédito.

PD: Para poder compartir todos los posts no se olviden de usar el HT: #30diasdeamorpropio

¿Por qué Psicóloga con TEPT?

Porque ese fue mi diagnóstico. Trastorno de Estrés Post Traumático, esas fueron las palabras que usaron para englobar todo lo que sentía. Lamentablemente casi nadie conoce de esta enfermedad, es poco común y no recibe tanta exposición como la depresión o la ansiedad.

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Por eso, como hoy es el día nacional para crear conciencia sobre la existencia del trastorno en Estados Unidos (lamentablemente en nuestro país es una enfermedad que no se toma en cuenta), se me ocurrió escribir esta entrada. Describiendo exactamente qué fue lo que sentí cuando estaba en mi peor momento.

Después de que ocurrió mi “desencadenante”, es decir el evento al que estuve expuesta y que sentí amenazaba mi vida, fue que comenzaron los síntomas. No podía dejar de pensar en lo que me había pasado, revivía cada segundo. Cada que pasaban flashbacks en mi cabeza, era como vivir en un sueño pero no había forma de despertar. Escuchaba en mi mente al doctor repetir “Tienes un tumor”, “no sabemos si es benigno”, “puede haber migrado a tu colon” escuchaba eso más veces de las que podía contar. Y por esos microsegundos en los que mi mente divagaba en los oscuros recuerdos, me desconectaba de lo que estaba viviendo. Vivía en los recuerdos, sin prestarle atención a lo que ocurría en el presente.

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Yo no quería recordar, yo quería volver a vivir la vida que tenía antes. Yo no quería ser Psicóloga con TEPT, yo sólo quería ser Lorena. Yo quería trabajar concentrándome, quería dormir sin angustia, quería entender que no se repetiría lo que me había pasado, que no había más tumores en mi cuerpo.

Para mí, cuando comenzó mi trastorno era como darle play a una película de terror donde yo era la protagonista que sólo repetía la escena una y otra vez. No sólo sentía ansiedad de lo que podía pasar en el futuro de manera incierta, porque muchas personas me decían: pero no va a pasar nada…y yo sólo pensaba “YA PASÓ Y PODRÍA VOLVER A PASAR”.

Dejé de ser racional, empecé a tener síntomas físicos y fijaciones con ciertas enfermedades. Escuchaba que alguien había tenido cáncer de esófago y desde ese momento me costaba pasar los alimentos, hasta tenía sensación de dolor o presión, todo totalmente inconsciente e involuntario.

Tuve muchos problemas por irritarme por cualquier cosa, generalmente siempre fui una persona impulsiva pero las reacciones que tenía se escapaban de mi control, era como ver a una actriz con mi cara, viviendo mi vida, pero ERA YO. Empecé a tener respuestas agresivas, y el tiempo en el que no me la pasaba estando enojada, me la pasaba aterrorizada de lo que podía pasarme. Deseaba con todo mi corazón que todos esos pensamientos se vayan de mi cabeza pero por mucho esfuerzo que le ponía, cada día me sentía peor.

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Mi pasado es una armadura que no puedo quitarme, no importa cuantas veces me digan que la guerra ya terminó.

No quiero darle un final “bonito” a este post, aunque sí lo tuvo. Lo único que quiero es exponer que la salud mental no sólo es hablar de Depresión o Ansiedad, hay diagnósticos de los que nadie habla por miedo, por estigma, porque son poco comunes o no sé por qué. Pero hoy yo quise hablar de esto, no quiero dejar de ser psicóloga con TEPT, mi diagnóstico y todo lo que superé me convirtió en la persona que soy. Yo no quiero volver a ser la antigua Lorena, ahora amo ser yo.

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Cosas que pasan cuando empiezas tu terapia por un problema de salud mental

Los primeros días no son tan sencillos como parecen. Menos cuando estás bajo el efecto de clonazapam/alprazolam/derivados.

Tus amigos te miran raro cuando sales del closet, o sea les cuentas. Seguro que no se lo esperaban, cierto? Pero si tú siempre estabas tan bien! No me vieron llorar en el baño. Pero como son tus amigos y te quieren, te entienden. Y los que te juzgan…pues queridx date cuenta no son tus amigos.

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Empiezas a dormir mejor, y no sabes si por las pastillas o por la tranquilidad. Pero hace mucho no dormías en paz, no te relajabas de esa forma…y despertabas al día siguiente sintiéndote mejor. A veces, el no dormir bien tiene más repercusiones de las que creemos…porque nos hace estar de mal humor gran parte del día.

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Tu apetito se regula, porque estabas comiendo hasta reventar o por el contrario…podías pasarte días en blanco. A mí me pasó lo segundo, no comía mucho pero era inconsciente, me ponían al frente una tabla de makis y la verdad es que no me daban muchas ganas de probarla. Es en este punto donde empiezas a darte cuenta de que de puedes volver a sentir que disfrutas de algo tan simple como comer!

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Te puedes empezar a concentrar en algo que te interesa, sin que ideas negativas vengan a tu mente. Al fin! Para mí, esto fue una salvación, pues en mi trabajo tengo que tipear nombres, DNIs, y otros datos sensibles que empecé a hacer mal antes de medicarme. Pero poder volver a dedicarme a eso sin equivocarme tanto fue un gran paso.

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Esperas emocionado tu siguiente cita con el Psicólogo o Psiquiatra para contarle cómo te has estado sintiendo. “Es que Doc. No sabe lo bien que he estado. Gracias!”. Es satisfactorio para ambas partes saber que lo que están haciendo está funcionando.

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Empiezas a hacer planes a futuro nuevamente, con ilusión. Algo que me pasó mucho a mí, fue que no podía proyectarme, pensé que me quedaría toda la vida estancada en donde estaba…me podían regalar un pasaje a Disney todo pagado y ni por error me alegraba. Pero luego de un tiempo en tratamiento, me sentí capaz de hacer planes para cuando ya esté “bien”.

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Lo más importante que me pasó a mi: vuelves a disfrutar de la vida y de todo lo que te gustaba hacer…hasta descubres cosas nuevas que te gustan. Recuerdo cómo una vez me senté a ver a la gente pasar, no notaba ninguna preocupación en ellos y sólo pensaba “Que suerte, ellos no tienen cáncer como yo, ellos no se van a morir como yo”. Pues la verdad es que ni yo me iba a morir ni tenía cáncer, pero sólo la idea no me dejaba disfrutar mi vida.

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PD: Si aún no has llegado ahí, ten paciencia y buen humor, pero yo, que lo he vivido…te digo que es posible dejar de sentirte como si te hubiera atropellado un camión…para empezar a sonreír de nuevo. 

La tristeza sí mata.

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Estaba tomando desayuno con mis padres, mi mamá había puesto la mesa y había preparado mi desayuno favorito. El tocino se podía oler desde el segundo piso, tan pronto como estuvo listo me senté con una sonrisa mirando a todos los que estaban ahí conmigo. Me preguntaron varias veces cómo me sentía, mientras yo sólo asentía y decía que estaba mejor. No quería que se preocupen por las últimas ideas que había tenido. Así que al terminar el desayuno sólo levanté las tazas y las coloqué en el lavadero, mientras el agua corría me desconecté por un segundo.

Sólo un segundo fuera, sentí que el tiempo se había parado pero sólo para mí, mientras todos seguían avanzando, apurados en su rutina. Y los entendía.

Me senté en la sala respirando rápido, tratando de calmar mi ansiedad en ese momento, no quería tener una crisis frente a los demás. Prendí el televisor pero nada me llamó la atención así que sólo me acurruqué en el sofá, desvariando sobre cómo me sentía.

Estaba totalmente segura de que sólo tenía que tocar el hombro de alguien, explicarle lo mal que me estaba sintiendo para recibir ayuda pero las veces que abrí la boca, no salieron las palabras. Mi voz se quebraba y las lágrimas empezaron a salir lentamente.

Todos a mí alrededor, se movían rápido, así que nadie lo notó. Cerré los ojos y me dormí, dormí mucho. No sé cuánto tiempo paso exactamente pero cuando desperté estaba oscureciendo. Así que clavé mi mente en cómo al dormir…no me sentí bien, pero al menos no sentí nada.

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Y sentir nada, es definitivamente mejor que sentir lo que siento. Así que sin hacer mucho ruido subí las escaleras y cerré la puerta de mi cuarto. Empecé a respirar rápido de nuevo, de los nervios. Me asusté un poco, así que tomé el teléfono y llamé a alguien, luego de cuatro timbradas no hubo respuesta, así que continué. No sabía exactamente qué hacer pero tenía que dejar de sentirme así, ya no daba más, encontré una correa…y no sé cómo lo hice…pero solté. Solté todos esos sentimientos de incertidumbre y de tristeza, solté esas miradas de cuando decía que tenía depresión, solté también algunas lágrimas. Así que se cumplió, luego de eso…no sentí nada.

Los suicidas no andan con una pistola en la sien, probablemente pases frente a muchos durante el día, mientras caminas. Es por eso que hay TANTOS casos de familiares diciendo “pero ese día, estaba como si nada”. El suicidio no es la solución al dolor, y sí hay algo mejor que sentir “nada” y es SENTIR FELICIDAD. Puedes lograrlo, todos podemos lograrlo, hay muchos motivos para vivir.

No hay nada que odie más que escuchar que alguien se suicidó o intentó suicidarse porque es débil. No. No saben lo fuertes que son.

La depresión es como cualquier otra enfermedad, y sí, puede tener víctimas mortales.

Sigamos ayudando a que sean menos.

Guess who’s BACK?

Estuve de vacaciones del blog, pero no fue porque quise. Una serie de eventos desafortunados ocurrieron y por ello decidí alejarme. Tuve miedo de que alguien me escriba y yo sienta que no iba a poder ayudarlo como quisiera.

Ha habido personas que siguieron escribiéndome, buscándome por Instagram para contarme lo que estaban viviendo y era feliz de conversar con cada uno. Pero en el último mes, fueron dos personas quienes se acercaron a mí a preguntar por lo que había vivido.

Y me emocionó poder enviarles el link del blog, y que ellos me digan: “¿Cómo es que te sentías así y ahora estás bien?” Pues no fue magia, fue dedicación, fue apoyo de quienes me querían, fue tiempo, fue medicina.

Y quise regresar para decirles a todos los que están viviendo algo así, que eventualmente todo estará bien. Volverán a disfrutar de sus vidas, volverán a reírse, volverán a dormir bien, volverán a hacer planes… ¿Cómo lo sé? Porque ya me tocó llegar a ese momento.

No voy a decir que todos los días son buenos. No sería cierto, no sería justo mentir. No estoy aquí para decirles que llevo una vida modelo y mi bienestar mental es digno de un estudio científico. Ya no tomo medicación, las ideas que antes tenía cada vez son menos, pero esta experiencia es parte de mí, parte de lo que soy y sinceramente…me gusta que sea así, aprendí demasiado y aún sigo aprendiendo.

Si el link de mi blog y mis palabras ayudan a alguien para que se sienta acompañado, estas líneas tienen sentido.

LA UNICA FORMA DE SALIR, ES ATRAVESANDO EL CAMINO.