¿Por qué Psicóloga con TEPT?

Porque ese fue mi diagnóstico. Trastorno de Estrés Post Traumático, esas fueron las palabras que usaron para englobar todo lo que sentía. Lamentablemente casi nadie conoce de esta enfermedad, es poco común y no recibe tanta exposición como la depresión o la ansiedad.

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Por eso, como hoy es el día nacional para crear conciencia sobre la existencia del trastorno en Estados Unidos (lamentablemente en nuestro país es una enfermedad que no se toma en cuenta), se me ocurrió escribir esta entrada. Describiendo exactamente qué fue lo que sentí cuando estaba en mi peor momento.

Después de que ocurrió mi “desencadenante”, es decir el evento al que estuve expuesta y que sentí amenazaba mi vida, fue que comenzaron los síntomas. No podía dejar de pensar en lo que me había pasado, revivía cada segundo. Cada que pasaban flashbacks en mi cabeza, era como vivir en un sueño pero no había forma de despertar. Escuchaba en mi mente al doctor repetir “Tienes un tumor”, “no sabemos si es benigno”, “puede haber migrado a tu colon” escuchaba eso más veces de las que podía contar. Y por esos microsegundos en los que mi mente divagaba en los oscuros recuerdos, me desconectaba de lo que estaba viviendo. Vivía en los recuerdos, sin prestarle atención a lo que ocurría en el presente.

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Yo no quería recordar, yo quería volver a vivir la vida que tenía antes. Yo no quería ser Psicóloga con TEPT, yo sólo quería ser Lorena. Yo quería trabajar concentrándome, quería dormir sin angustia, quería entender que no se repetiría lo que me había pasado, que no había más tumores en mi cuerpo.

Para mí, cuando comenzó mi trastorno era como darle play a una película de terror donde yo era la protagonista que sólo repetía la escena una y otra vez. No sólo sentía ansiedad de lo que podía pasar en el futuro de manera incierta, porque muchas personas me decían: pero no va a pasar nada…y yo sólo pensaba “YA PASÓ Y PODRÍA VOLVER A PASAR”.

Dejé de ser racional, empecé a tener síntomas físicos y fijaciones con ciertas enfermedades. Escuchaba que alguien había tenido cáncer de esófago y desde ese momento me costaba pasar los alimentos, hasta tenía sensación de dolor o presión, todo totalmente inconsciente e involuntario.

Tuve muchos problemas por irritarme por cualquier cosa, generalmente siempre fui una persona impulsiva pero las reacciones que tenía se escapaban de mi control, era como ver a una actriz con mi cara, viviendo mi vida, pero ERA YO. Empecé a tener respuestas agresivas, y el tiempo en el que no me la pasaba estando enojada, me la pasaba aterrorizada de lo que podía pasarme. Deseaba con todo mi corazón que todos esos pensamientos se vayan de mi cabeza pero por mucho esfuerzo que le ponía, cada día me sentía peor.

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Mi pasado es una armadura que no puedo quitarme, no importa cuantas veces me digan que la guerra ya terminó.

No quiero darle un final “bonito” a este post, aunque sí lo tuvo. Lo único que quiero es exponer que la salud mental no sólo es hablar de Depresión o Ansiedad, hay diagnósticos de los que nadie habla por miedo, por estigma, porque son poco comunes o no sé por qué. Pero hoy yo quise hablar de esto, no quiero dejar de ser psicóloga con TEPT, mi diagnóstico y todo lo que superé me convirtió en la persona que soy. Yo no quiero volver a ser la antigua Lorena, ahora amo ser yo.

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Cosas que pasan cuando empiezas tu terapia por un problema de salud mental

Los primeros días no son tan sencillos como parecen. Menos cuando estás bajo el efecto de clonazapam/alprazolam/derivados.

Tus amigos te miran raro cuando sales del closet, o sea les cuentas. Seguro que no se lo esperaban, cierto? Pero si tú siempre estabas tan bien! No me vieron llorar en el baño. Pero como son tus amigos y te quieren, te entienden. Y los que te juzgan…pues queridx date cuenta no son tus amigos.

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Empiezas a dormir mejor, y no sabes si por las pastillas o por la tranquilidad. Pero hace mucho no dormías en paz, no te relajabas de esa forma…y despertabas al día siguiente sintiéndote mejor. A veces, el no dormir bien tiene más repercusiones de las que creemos…porque nos hace estar de mal humor gran parte del día.

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Tu apetito se regula, porque estabas comiendo hasta reventar o por el contrario…podías pasarte días en blanco. A mí me pasó lo segundo, no comía mucho pero era inconsciente, me ponían al frente una tabla de makis y la verdad es que no me daban muchas ganas de probarla. Es en este punto donde empiezas a darte cuenta de que de puedes volver a sentir que disfrutas de algo tan simple como comer!

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Te puedes empezar a concentrar en algo que te interesa, sin que ideas negativas vengan a tu mente. Al fin! Para mí, esto fue una salvación, pues en mi trabajo tengo que tipear nombres, DNIs, y otros datos sensibles que empecé a hacer mal antes de medicarme. Pero poder volver a dedicarme a eso sin equivocarme tanto fue un gran paso.

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Esperas emocionado tu siguiente cita con el Psicólogo o Psiquiatra para contarle cómo te has estado sintiendo. “Es que Doc. No sabe lo bien que he estado. Gracias!”. Es satisfactorio para ambas partes saber que lo que están haciendo está funcionando.

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Empiezas a hacer planes a futuro nuevamente, con ilusión. Algo que me pasó mucho a mí, fue que no podía proyectarme, pensé que me quedaría toda la vida estancada en donde estaba…me podían regalar un pasaje a Disney todo pagado y ni por error me alegraba. Pero luego de un tiempo en tratamiento, me sentí capaz de hacer planes para cuando ya esté “bien”.

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Lo más importante que me pasó a mi: vuelves a disfrutar de la vida y de todo lo que te gustaba hacer…hasta descubres cosas nuevas que te gustan. Recuerdo cómo una vez me senté a ver a la gente pasar, no notaba ninguna preocupación en ellos y sólo pensaba “Que suerte, ellos no tienen cáncer como yo, ellos no se van a morir como yo”. Pues la verdad es que ni yo me iba a morir ni tenía cáncer, pero sólo la idea no me dejaba disfrutar mi vida.

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PD: Si aún no has llegado ahí, ten paciencia y buen humor, pero yo, que lo he vivido…te digo que es posible dejar de sentirte como si te hubiera atropellado un camión…para empezar a sonreír de nuevo. 

La tristeza sí mata.

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Estaba tomando desayuno con mis padres, mi mamá había puesto la mesa y había preparado mi desayuno favorito. El tocino se podía oler desde el segundo piso, tan pronto como estuvo listo me senté con una sonrisa mirando a todos los que estaban ahí conmigo. Me preguntaron varias veces cómo me sentía, mientras yo sólo asentía y decía que estaba mejor. No quería que se preocupen por las últimas ideas que había tenido. Así que al terminar el desayuno sólo levanté las tazas y las coloqué en el lavadero, mientras el agua corría me desconecté por un segundo.

Sólo un segundo fuera, sentí que el tiempo se había parado pero sólo para mí, mientras todos seguían avanzando, apurados en su rutina. Y los entendía.

Me senté en la sala respirando rápido, tratando de calmar mi ansiedad en ese momento, no quería tener una crisis frente a los demás. Prendí el televisor pero nada me llamó la atención así que sólo me acurruqué en el sofá, desvariando sobre cómo me sentía.

Estaba totalmente segura de que sólo tenía que tocar el hombro de alguien, explicarle lo mal que me estaba sintiendo para recibir ayuda pero las veces que abrí la boca, no salieron las palabras. Mi voz se quebraba y las lágrimas empezaron a salir lentamente.

Todos a mí alrededor, se movían rápido, así que nadie lo notó. Cerré los ojos y me dormí, dormí mucho. No sé cuánto tiempo paso exactamente pero cuando desperté estaba oscureciendo. Así que clavé mi mente en cómo al dormir…no me sentí bien, pero al menos no sentí nada.

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Y sentir nada, es definitivamente mejor que sentir lo que siento. Así que sin hacer mucho ruido subí las escaleras y cerré la puerta de mi cuarto. Empecé a respirar rápido de nuevo, de los nervios. Me asusté un poco, así que tomé el teléfono y llamé a alguien, luego de cuatro timbradas no hubo respuesta, así que continué. No sabía exactamente qué hacer pero tenía que dejar de sentirme así, ya no daba más, encontré una correa…y no sé cómo lo hice…pero solté. Solté todos esos sentimientos de incertidumbre y de tristeza, solté esas miradas de cuando decía que tenía depresión, solté también algunas lágrimas. Así que se cumplió, luego de eso…no sentí nada.

Los suicidas no andan con una pistola en la sien, probablemente pases frente a muchos durante el día, mientras caminas. Es por eso que hay TANTOS casos de familiares diciendo “pero ese día, estaba como si nada”. El suicidio no es la solución al dolor, y sí hay algo mejor que sentir “nada” y es SENTIR FELICIDAD. Puedes lograrlo, todos podemos lograrlo, hay muchos motivos para vivir.

No hay nada que odie más que escuchar que alguien se suicidó o intentó suicidarse porque es débil. No. No saben lo fuertes que son.

La depresión es como cualquier otra enfermedad, y sí, puede tener víctimas mortales.

Sigamos ayudando a que sean menos.

Guess who’s BACK?

Estuve de vacaciones del blog, pero no fue porque quise. Una serie de eventos desafortunados ocurrieron y por ello decidí alejarme. Tuve miedo de que alguien me escriba y yo sienta que no iba a poder ayudarlo como quisiera.

Ha habido personas que siguieron escribiéndome, buscándome por Instagram para contarme lo que estaban viviendo y era feliz de conversar con cada uno. Pero en el último mes, fueron dos personas quienes se acercaron a mí a preguntar por lo que había vivido.

Y me emocionó poder enviarles el link del blog, y que ellos me digan: “¿Cómo es que te sentías así y ahora estás bien?” Pues no fue magia, fue dedicación, fue apoyo de quienes me querían, fue tiempo, fue medicina.

Y quise regresar para decirles a todos los que están viviendo algo así, que eventualmente todo estará bien. Volverán a disfrutar de sus vidas, volverán a reírse, volverán a dormir bien, volverán a hacer planes… ¿Cómo lo sé? Porque ya me tocó llegar a ese momento.

No voy a decir que todos los días son buenos. No sería cierto, no sería justo mentir. No estoy aquí para decirles que llevo una vida modelo y mi bienestar mental es digno de un estudio científico. Ya no tomo medicación, las ideas que antes tenía cada vez son menos, pero esta experiencia es parte de mí, parte de lo que soy y sinceramente…me gusta que sea así, aprendí demasiado y aún sigo aprendiendo.

Si el link de mi blog y mis palabras ayudan a alguien para que se sienta acompañado, estas líneas tienen sentido.

LA UNICA FORMA DE SALIR, ES ATRAVESANDO EL CAMINO.

Crónica de un Ataque de Pánico

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Estoy echada en mi cama, es un domingo cualquiera y todo está callado por aquí. Así que mi mente está jugándome malas pasadas y pensando en cosas no muy agradables…Doy vueltas en la cama, acomodando las almohadas.

Las ideas dan vueltas en mi cabeza y envuelven mi cerebro como si fuera una tela de araña, no puedo librarme, no puedo pensar en otra cosa. Trato de fijar la mirada en la televisión y distraerme, pero mis intentos no sirven de nada. Solo miro la pantalla pero no entiendo lo que está ocurriendo, no entiendo nada.

Empiezo a respirar, rápido, cada vez más rápido. Comienzo  a hacerlo por la nariz pero no importa cuánto aire entre a mis pulmones, siento como si no fuera suficiente. Abro la boca intentando gritar o pedir ayuda pero no sale ningún sonido, mis esfuerzos son inútiles. Este es mi fin.

Estoy perdiendo el control de mi cuerpo y siento miedo, siento frío. ¿Será que me estoy muriendo? Me duele el pecho, como si estuviera teniendo un infarto. ¿Es posible? ¿Realmente esto está pasando? Sólo es una pesadilla de la que quiero despertar. Creo que voy a desmayarme. Me estoy congelando. Ya no puedo más.

Estoy segura de que el latido de mi corazón se puede escuchar desde la otra cuadra, estoy sudando frío, intentando levantarme de la cama pero las piernas no responden, mi pijama está mojada de tanto sudor. No importa lo que pase, nadie podrá ayudarme. Tiemblo y empiezan a caer lágrimas de mis ojos, tengo nauseas pero no puedo levantarme.

Luego de unos minutos así, abro los ojos y mi respiración poco a poco vuelve a la normalidad, me quedo quieta asegurándome de que ya pasó. Mi hermana entra a mi cuarto y me pregunta: ¿Cómo estás? Y yo me esfuerzo por mostrar una sonrisa…y respondo en voz baja solo una palabra: Acabo de tener mi primer ataque de pánico, ayúdame.

“Bien”.

Pero no, no lo estoy.

¿Qué nos hace felices?

Ayer empecé el reto de 50 días felices, la idea es por día colocar en Instagram una foto de algo que nos haga felices. ¿Será que realmente habrá por 50 días seguidos, un motivo diferente cada día para ser felices?

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Soy de las personas que siempre ha pensado que lo mejor es disfrutar de las cosas pequeñas. En realidad, por lo menos, mi día a día no está lleno de cosas fuera de lo común pero sí hay muchas cosas que me sacan una sonrisa. Por eso, empecé posteando lo más simple del mundo, lo que todos tenemos a nuestro alcance y nos revive los lunes: un café.

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Y es que el chiste está en cómo lo miremos. A veces uno piensa que para ser feliz necesita algo descomunal, necesita el título, necesita tener un gran sueldo o el carro del año. Pero no, el ser feliz es más que un evento extraordinario…para ser felices, debemos sentirnos afortunados de la vida que llevamos.

La vida no es esperar una fecha importante, un evento importante o un logro importante (Generalmente eso sólo dura unas horas o en el mejor de los casos unos días y luego se vuelve la normalidad). La vida es el camino, no la meta.

Las pequeñas cosas son las que más valen y las más duraderas, si aprendemos a identificarlas NUNCA nos faltarán los motivos para ser felices, yo soy feliz desde que me subo a un autobús y encuentro un lugar para sentarme, desde que abro los ojos en la noche y aún me queda tiempo para seguir durmiendo un ratito más, desde que llego a casa y mi mamá ha cocinado mi comida favorita, desde que en el trabajo me crucé con un amigo que no veía hace tiempo desde que en la radio pasaron mi canción favorita, y muchas cosas más que me ayudan a tener un mejor día.

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Probablemente, en los momentos o días difíciles tengamos que hacer un esfuerzo extra para encontrarle el punto positivo, pero cuando lo encontremos valdrá la pena. Mira con atención, y vas a ver que tienes más cosas que agradecer de las que pensamos. Y tú, ¿Ya intentaste el reto de #50diasfelices?

No todos los días son buenos, pero hay algo bueno en todos los días.

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El miedo a la muerte

Lo que desencadenaba la ansiedad en mí, era pensar en la muerte; en que algún día todo acabaría de manera inevitable e impredecible. Creo que es uno de los miedos más comunes. Alguna vez, todos nos hemos angustiado cuando viene esa idea a nuestra cabeza.

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Me he preguntado el motivo infinitas veces. Primero recuerdo haber dicho: “Cuando me muera, si es cierto que el cielo existe probablemente no iré para allá, pero da igual…porque no conozco a nadie. Nunca he ido a un entierro, jamás se ha muerto nadie en mi familia ni amigos cercanos. Estaré sola”. Es más, creo que las personas más cercanas que de alguna forma conozco y están ahí son los bebés de mi amiga a quienes vi crecer desde que se enteró que los tenía, entonces pensaba en cuidarlos y hablarles de cuánto los quería su mamá…

Luego, consideraba que si el cielo no existía… ¿A dónde iría? Y me sentía peor al pensar que no había nada después, simplemente dejábamos de existir.

Entonces, cuando le conté a mi hermana todo lo que pasaba por mi cabeza, ella me respondió:

“Ok, digamos que tienes cáncer. Cáncer Terminal y te quedan dos semanas de vida…¿Es así como quieres pasarlos…preocupada y en posición fetal sin disfrutar nada?”

Directo y a la vena 

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Lo pensé MUCHISIMO. Esa noche no dormí pensando en la pregunta de mi hermana, y descubrí el verdadero motivo para el miedo: temía que mi vida sea insignificante, que nadie note mi ausencia y no sólo morir, sino además irme sin dejar el más mínimo recuerdo memorable.

Fue ahí cuando se me ocurrió crear este blog, y convertir mi cuenta de Instagram personal en una página distinta. No fue fácil y pensé mil veces cosas como: “¿Si busco trabajo y no me contratan por haber tenido algún problema de salud mental?”/“¿Si la gente que me rodea se entera de esto y me juzga?”/ ¿Para qué voy a mentir? También pensé…¿Si a nadie le importa esto y me lee 1 persona? Malditos “Y Sis” arruinan los sueños

Y yo misma respondí cada pregunta. 1. ¡Ellos se lo pierden! 2. Me interesa medio pepino lo que diga la gente. 3. No me importa si tengo un solo lector, mientras este testimonio pueda ayudarlo a sentirse acompañado. No quiero tener un millón de seguidores, no estoy aquí para hacerme famosa, y si uso mi cara en mis campañas de Instagram es porque no tengo dinero para pagar regalías.

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Esta semana ha sido de locos para mí. Incluso llegué a considerar el no escribir por algún tiempo…tal vez nadie lo notaba. Hasta que recibí un mensaje. Un mensaje increíble de alguien que me cuenta que hoy es su último día de tratamiento para la depresión y se animó a hablar sobre eso luego de leer el blog.

Y fue ese momento, en el que dejé de tener miedo de morirme, es algo que eventualmente nos pasará a todos…pero HOY, no es el día. Hoy quiero poner un esfuerzo para que el mundo sea un lugar donde me gustaría vivir (¡Hasta el esfuerzo más pequeñito es válido!). Mi vida tiene mucho más sentido desde que empecé el voluntariado para la comunidad LGTB, desde que creé esta página, desde que ya no soy Lorena sino Psicóloga con TEPT, desde recibo mensajes de personas diciendo que a pesar de un diagnóstico poco alentador, leer otra experiencia y la evolución favorable lo hace sentir menos solo, desde que las personas cercanas a mí cambiaron su concepto de lo que es un desorden mental.

Y a ti, que me sacaste una sonrisa hoy. Déjame decirte, que eres una guerrera valiente y admirable. ¡Gracias!

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